NUEVO LOOK

"Mi primera vez"
Por: Enrique Gonzales Barco
Ya era hora de que se hiciera realidad lo que venía postergando por varios años. Sería mi primera intervención quirúrgica, pero esta no sería cualquier operación, ya que tendría que realizarme la circuncisión que no me hicieron por culpa de un alemán. Un muy buen pediatra teutón que tenía por costumbre no realizarle esta práctica a sus pequeños pacientes para que no tengan riesgo de infección siendo tan solo unos recién nacidos. Entonces yo fui una más de sus víctimas. Obviamente cuando ya tenía edad suficiente para realizarme la operación siempre lo postergaba por temor. Mis padres siempre me decían para que me opere en una de las vacaciones de verano pero yo me moría de miedo. Hasta que me anime, ya era un adolescente de catorce años y tenía que darle un nuevo look a ese fiel compañero que estaría conmigo en las buenas y en las malas.
Llegó la quincena de enero, fecha programada para lo que en mi opinión sería lo equivalente de dar a luz para un hombre. Por fin me operaria y me sacaría de encima ese inevitable momento. Llegue a la clínica Americana en San Isidro, donde nací, pero esta vez sabiendo a lo que iba. Fui al cuarto donde me prepararían antes de llevarme a la sala de operaciones. Entro una enfermera que me dijo que ya pronto vendría el doctor para decirme cual sería el procedimiento. Cuando vi entrar al doctor Santa María me puse más nervioso, me dijo que la intervención sería ambulatoria y que solo si yo quería me podía quedar más tiempo. Le hice mil preguntas y me dijo que evite tener erecciones después de la operación para no tener problemas con los puntos. Si era necesario mirar a otro lado y pensar en cualquier cosa para evitarlo. Recuerdo que luego volvió a ingresar la enfermera, que a decir verdad estaba muy simpática. Acto seguido me quito la ropa interior y me afeito la zona a la cual atacarían. Lamentablemente, tuve una erección en ese instante, fue la última antes de ser circuncidado, pero era muy difícil para un adolescente ser tocado por una mujer y no tener reacción alguna. Me dio vergüenza pero no pude hacer nada al respecto.
Me encontraba solo en la camilla a punto de ser sedado para la operación. El médico me dijo que la operación seria sencilla con anestesia local y que me pondrían la inyección en la misma zona, es decir, en el pene. Fue en ese momento que no solo vi a Judas calato, sino también a todos los pitufos y a Gargamel incluido, el dolor fue indescriptible me mordí todos los dedos para no gritar, pero igual llore del dolor. Eso fue lo peor, porque lo que se vendría seria la operación en sí, de la cual yo no vería nada, ya que tenía una rejita con una sabana en frente mío para no observar. Me fui quedando dormido aunque por momentos me despertaba para ver cómo iba todo. Por ratos pensaba en como quedaría o si tal vez luego de la operación los puntos so aflojarían y el glande se me caería. Quería hablar pero no tenía fuerzas, solo podía visualizar al doctor y a las enfermeras que veían todo menos yo. Finalmente, me desperté en la post sala y lo primero que hice fue verme, pero lo que vi fueron vendas y una gran canasta encima mío con una sabana que la cubría.
Pensé que todo habría acabo, sin embargo faltaba por venir el peor mes de mi vida pues tendría por delante cuatro semanas en las cuales iba a tener que estar sin ropa interior para que nada me rose. Felizmente era verano. Los momentos de mayor miedo eran cuando estaba solo en la ducha y me ponía a contar los puntos alrededor del glande para corroborar que todo esté en orden y que nada se vaya a soltar. Estaba paranoico pero poco a poco me fui acostumbrando. Ya pertenecía al 30% de hombres en el mundo que habían sido circuncidados. Lo más importante fue que por fin me había realizado mi primera e inevitable operación y tenia nuevo look. Ahora solo me queda la vasectomía luego de tener a mis hijos, tengo la esperanza que sea más sencillo y menos doloroso.

"Mi primera vez"
Por: Enrique Gonzales Barco
Ya era hora de que se hiciera realidad lo que venía postergando por varios años. Sería mi primera intervención quirúrgica, pero esta no sería cualquier operación, ya que tendría que realizarme la circuncisión que no me hicieron por culpa de un alemán. Un muy buen pediatra teutón que tenía por costumbre no realizarle esta práctica a sus pequeños pacientes para que no tengan riesgo de infección siendo tan solo unos recién nacidos. Entonces yo fui una más de sus víctimas. Obviamente cuando ya tenía edad suficiente para realizarme la operación siempre lo postergaba por temor. Mis padres siempre me decían para que me opere en una de las vacaciones de verano pero yo me moría de miedo. Hasta que me anime, ya era un adolescente de catorce años y tenía que darle un nuevo look a ese fiel compañero que estaría conmigo en las buenas y en las malas.
Llegó la quincena de enero, fecha programada para lo que en mi opinión sería lo equivalente de dar a luz para un hombre. Por fin me operaria y me sacaría de encima ese inevitable momento. Llegue a la clínica Americana en San Isidro, donde nací, pero esta vez sabiendo a lo que iba. Fui al cuarto donde me prepararían antes de llevarme a la sala de operaciones. Entro una enfermera que me dijo que ya pronto vendría el doctor para decirme cual sería el procedimiento. Cuando vi entrar al doctor Santa María me puse más nervioso, me dijo que la intervención sería ambulatoria y que solo si yo quería me podía quedar más tiempo. Le hice mil preguntas y me dijo que evite tener erecciones después de la operación para no tener problemas con los puntos. Si era necesario mirar a otro lado y pensar en cualquier cosa para evitarlo. Recuerdo que luego volvió a ingresar la enfermera, que a decir verdad estaba muy simpática. Acto seguido me quito la ropa interior y me afeito la zona a la cual atacarían. Lamentablemente, tuve una erección en ese instante, fue la última antes de ser circuncidado, pero era muy difícil para un adolescente ser tocado por una mujer y no tener reacción alguna. Me dio vergüenza pero no pude hacer nada al respecto.
Me encontraba solo en la camilla a punto de ser sedado para la operación. El médico me dijo que la operación seria sencilla con anestesia local y que me pondrían la inyección en la misma zona, es decir, en el pene. Fue en ese momento que no solo vi a Judas calato, sino también a todos los pitufos y a Gargamel incluido, el dolor fue indescriptible me mordí todos los dedos para no gritar, pero igual llore del dolor. Eso fue lo peor, porque lo que se vendría seria la operación en sí, de la cual yo no vería nada, ya que tenía una rejita con una sabana en frente mío para no observar. Me fui quedando dormido aunque por momentos me despertaba para ver cómo iba todo. Por ratos pensaba en como quedaría o si tal vez luego de la operación los puntos so aflojarían y el glande se me caería. Quería hablar pero no tenía fuerzas, solo podía visualizar al doctor y a las enfermeras que veían todo menos yo. Finalmente, me desperté en la post sala y lo primero que hice fue verme, pero lo que vi fueron vendas y una gran canasta encima mío con una sabana que la cubría.
Pensé que todo habría acabo, sin embargo faltaba por venir el peor mes de mi vida pues tendría por delante cuatro semanas en las cuales iba a tener que estar sin ropa interior para que nada me rose. Felizmente era verano. Los momentos de mayor miedo eran cuando estaba solo en la ducha y me ponía a contar los puntos alrededor del glande para corroborar que todo esté en orden y que nada se vaya a soltar. Estaba paranoico pero poco a poco me fui acostumbrando. Ya pertenecía al 30% de hombres en el mundo que habían sido circuncidados. Lo más importante fue que por fin me había realizado mi primera e inevitable operación y tenia nuevo look. Ahora solo me queda la vasectomía luego de tener a mis hijos, tengo la esperanza que sea más sencillo y menos doloroso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario